La noche cae con la fuerza del deseo. La pasión es desatada y los cuerpos se entrecruzan en una coreografía trémula en la que se liberan suspiros, murmuraciones y gritos. Un vaho ardiente abraza el espacio de la habitación en la que alguna vez hubo algo más que una cama, pero que, sin embargo, ahora es todo lecho, góndola de sueños en un mar de ardores. Y el tsunami termina llegando de la mano de un chillido ahogado y un último golpe de cabecero que se extingue entre las respiraciones agitadas.

Cuerpos pesados que caen a cada lado del ajado catre entre sábanas revueltas y sudadas. Abrazo que crea una armonía disonante entre la dulzura y la avidez, suspendido entre caricias y carne de gallina. Los latidos se desvanecen al unísono para entrar en el terreno de una calma dicha de complicidad.

Él y ella, ella y él, ambos abandonados el uno en la otra y la otra en el uno como un solo cuerpo con dos almas remezcladas y perdidas en el pecado. Satisfacción que se respira cada vez más sosegada.

De repente, en una nueva inspiración, él siente el acuciante picor de un olor descontextualizado en sus fosas nasales. Hedor que penetra en desasosiego y es ruptura, perversión del mágico momento, mal despertar de un sueño.

Sobrecogido por esta apestosa llamada, con la vergüenza propia de los amantes que aún se están conociendo, reprime una mirada angustiada dirigida hacia la cómplice de sus fantasías. No obstante, ese aroma corrupto pervive suspendido en la atmósfera de esa habitación tomada, conquistada ahora por la fétida y molesta intrusión. No puede más y decide preguntar:

—Oye, cariño, ¿te has tirado un «peíllo»? —le espeta con voz intencionadamente dulce.

Ella enarbola una gran sonrisa entre comprensiva y sorprendida, con cierto fondo travieso y divertido.

—Habrá sido el perro. Últimamente anda bastante «pestosillo» —contesta con cierta naturalidad forzada.

De nuevo se dejan mecer por un silencio calmo entre las brumas del hedor subversivo. Este vacío sonoro es roto por el golpe de las pezuñas del can en la puerta de la habitación. El perro quiere pasar.