Héroes caídos en una orilla parda

nacieron entre rechinar de dientes

y súplicas de súplicas en suplicios.

Curtidas dosis de fría testosterona

lapidadas por las arenas del tiempo

que avanza en compases de viejas,

quebradas y antihistamínicas cumbres

cubiertas de caspa y feo menudeo.

Profilácticos rotos en campo de minas,

saludando entre los oscuros pastos

de asfalto contaminados de huellas,

ante nuestro mundo se extienden

esos rufianes de ardiente cera líquida.

Es el momento del virgen sacrificio

que por un dios amado fue, esa vida,

elegido entre las sombras viscosas

del desierto de alfabetos perdidos.

Levántate y anda, querida pulsión,

que alejados nos encontramos

de aquel encuentro que nos turbó

y atados nos encontramos al vulgar

pasado que efímero hizo al momento.