Hubo una vez una frontera
entre el tiempo y la distancia
que, por fortuna, se perdió
más allá de las montañas.

Hubo una vez un sueño
que navegó por un mar calmo
sobre una cáscara de nuez
y virgen llegó a otro mundo.

Hubo una vez una noche
que sin estrellas ni luna
se reconcilió con el alba
sobre una tierra sofocada.

Hubo una vez un verso
entre absurdas palabras
que, por suerte, pudo volar
en los labios de un mañana.

Texto y fotografía de Ismael Minguet