Lo quiero en este orden:

¡Átame! Quiero que me ates al cabecero de tu cama hasta que nuestros vecinos sientan nuestros «quejíos» como una saeta, hasta que los marineros se vuelvan locos por tu canto de sirena, hasta que la policía queme a timbrazos la resistencia del portero automático, hasta que el Teatro Alla Scala quede reducido a un simple rumor de una historia pasada…