Conjeturas digitales,

solitarias alas rotas

por la cobardía

insuflada de un momento

que abierta en canal

rodea con tentáculos

el abrazo de la fiesta.

Sinfonía de cristales

que se rompen en temblores

por ser la cortina sucia

con la que se aparea

un perro ansioso

de algún contacto.

Un paso por calle mojada,

muecas de asfalto silbante

entre las acacias luminosas

que rodean sin tocar

cada sombra móvil

de este absurdo mañana.