Ha comprado un chicle en el kiosco. El otro día al primo Carlos le tocó un reloj de premio, ahora él busca una suerte parecida, así que pone todo su empeño en abrir cuidadosamente el envoltorio de la golosina, de esta forma, si existe algún tipo de justificante, no corre el riesgo de dañarlo. En pocos segundos la incertidumbre nerviosa desaparecerá. Por fin consigue desmembrar sin deterioros el embalaje y se asoma presuroso al dorso del pequeño papel. En grandes letras que contrastan con la estrechez del soporte, aparece reflejada la leyenda “sigue buscando”. Sin embargo, la decepción inicial pasa a ser eclipsada por un nuevo descubrimiento: ¡una calcomanía! Mejor que un reloj, sin duda.