Me desperté mirando al sur

con la esperanza de otear

tu soleado horizonte

y de que el viento me trajese

el aroma de tus sonrisas.

En la mente un canto

que de vísceras se reproduce

tan profundo y amargo

como dulce moscatel

que por las venas corre,

intentando alcanzar

a un corazón oprimido

por aquella poesía maltratada

que de paredones y exilios

una y otra vez resucita

como voz del pueblo.

Susurros de salitre

que lengua de mar arrastra,

lamiendo morena piel,

subyugada verde alma de olivar,

sudor de jornal

y manos encallecidas

para regocijo de caballeros

de yelmo cordobés

y manzanilla de opresión

que en ferias brindan

ante efigies de flores flamencas.

Mirando más allá

de blancas montañas

y fértiles valles,

de la historia y el arte

que universal se vuelve

ante las ruinas del tiempo,

de los sentidos embriagados

por la sensual esencia

de los brazos abiertos.

Mirando sin poder ver,

pero sintiendo sin saber por qué,

hoy, un día más rendido,

ante el recuerdo lejano

de la tierra que rezuma

lucha y genio

pidiendo a gritos

libertad.