¿Recuerdan aquellas interminables sesiones de cine en las cadenas públicas del Estado español? Esas alucinantes sesiones que duraban más de tres horas, aunque la película tan sólo duraba noventa minutos, han pasado a la historia. ¡De puta madre!
Recuerdos de unos ¿mejores? tiempos en los que aparecías a la entrada de clase con más ojeras que la Belén Esteban, con más sueño que un gatico al calor de la estufa, y te llegaba el compi de turno y te decía “illo, qué cara de cansao me traes” y tú con la cara de sueño le contestabas que te habías tirado hasta las tantas viendo la película del programa del Garci. El colega al momento te preguntaba si te habías visto todo el coloquio ahumado que viene después de la peli. Obviamente, no lo viste, pero es que tampoco pudiste terminar de ver la película porque te quedaste sopa en el tercer interminable bloque de publicidad.
Oh, qué recuerdos, ¿verdad? Pues que se vayan al carajo.
Y es que habrá gente del gremio -por desgracia, personas inocentes como yo, engañadas por las facultades de comunicación- que piensen que sin publicidad la televisión estatal dejaría de funcionar y que a la larga sería una pesada carga para los presupuestos. Es razonable pensar eso, muy razonable, incluso hay por ahí rumores que muchos de los trabajadores del ente público de radiodifusión son partidarios de la financiación a través de los ingresos publicitarios. Pero, amigos y amigas, ¡y ese gustazo que te da ver una peli completa y de calidad sin eternizantes cortes publicitarios y poder acostarte a una hora razonable para poder desarrollar al día siguiente la actividad sin los pesares de la carga del sueño!
El pasado lunes pude ver íntegramente, sin rendirme al cansancio de toda una jornada, una peli de calidad en el segundo canal de la televisión estatal española. Napola, que así se llamaba el film, me gustó y pude disfrutarla al completo. Hacía años que un lunes por la noche no veía una película en un canal de televisión en abierto sin quedarme con los ojos pegados al tercer bloque de publi.
De esta manera, creo que habrá más espacio para la creatividad y los contenidos de calidad en franjas horarias más adecuadas; no como antes, que ponían todo lo bueno de madrugada.
En cuanto a la película, pertenece a esa nueva ola de cine alemán que, según he leído en algunos sitios, es capaz de abarcar temas anteriormente muy molestos para la sociedad alemana. En este caso, aborda el tema de las escuelas en las que el nazismo instruía a jóvenes escogidos para formar la élite del movimiento en el futuro. En ese crudo contexto se construye una historia de amistad que avanza más allá de las ideas y del lavado de cerebro del régimen nazi.