Visita inesperada

que descorcha

una espumosa

y sincera sonrisa.

Caricia cálida

que no araña

ni sonroja,

dulce alimento

de vitaminas

ausentes por tanto

tanto tiempo.

Por tanto, anhelo

ansiada bofetada

que transporta,

con dolor de alma

y, a su vez, regocijo,

a otra tierra

y a otro tiempo.

Así eres, con permiso,

querido Lorenzo,

que tutearte espero

más a menudo.

Dublín rendida,

verde y gris,

florece desvelada,

cantando y bailando

bajo tus luminosos pies.