Mónica corría a través de un campo sembrado de flores de metal en medio de una tormenta eléctrica. Los rayos caían por todas partes sin llegar a alcanzarla y el ruido de los truenos era tan ensordecedor que apenas escuchaba el rumor de sus propios pensamientos. El vello de su piel se encontraba erizado, apenas sentía su tenues ropajes y el asfixiante calor que despedía su cuerpo contrastaba con la solemne rigidez de su piel y pezones.
Sin embargo, su carrera no era una lucha por la supervivencia, sino un juego placentero que le excitaba a cada loca inspiración. Sus ojos brillantes y enfebrecidos por el éxtasis proyectaban una mirada perdida al horizonte. Su rostro desencajado fraguaba a cada expiración una serie de gritos guturales ahogados por el estruendo de cada estampida eléctrica. La tensión de sus músculos rozaba el agarrotamiento y de su desierto sexo brotaba un manantial incontenible que se escurría entre sus piernas.
Finalmente, tras una carrera que parecía no tener fin, un sol dorado cegador disipó en pocos segundos la caótica actividad de los rayos en una oleada de calor trémulo y placentero tan intensa que Mónica cayó de rodillas sobre el pasto con los miembros aletargados por la tensión. Fuera de sí, tuvo un fugaz instante de lucidez que le dejó el cosquilleo de un olor acre y una caricia ardiente en lo más profundo de su ser.
INTERMISIÓN
Luces blancas, lechosa claridad nublada por la imprecisión de los detalles. Ruidos amortiguados que avanzan, que acechan entre las sombras de los ángulos muertos. Sequedad y aspereza en la garganta, incomunicación vocal al primer intento. Respiración dificultosa acompañada de un hormigueo inconstante en brazos y piernas. El ruido se hace cada vez más preciso: pasos. Algo traspasa la claridad y le apresa la muñeca, roce de movimientos amortiguados y zumbido leve. Un pitido lejano. ¿Voces?
—Tiene mejor pulso, parece que está estabilizada —dice una voz de mujer grave y solemne—. Ha tenido suerte.
—Ya van tres víctimas en lo que va de semana —se escucha otra voz de mujer un poco más aguda—. Y pensar que yo me compré uno.
—¿Cómo se llama el cacharro? —pregunta la primera voz.
SuperDildo 3000 XT, alta tecnología china del placer —contesta la voz aguda.